Siempre me he visto reflejado en ese Arlequín.

Color, Personajes

Elegí tatuarme este arlequín de la Época Rosa de Picasso por una obsesión estética con un cuadro anónimo de un arlequín con traje verde y amarillo hecho en relieve que encontré por 10 € en las afueras de Ámsterdam hará ya casi cinco años, en los llamados Trash markets, normalmente situados a las afueras de algunas de las principales ciudades europeas, y donde uno puede encontrar todo tipo de baratijas.

Yo estaba viviendo allí temporalmente junto a mi hermano Nacho, al que quiero mucho y del que ahora estoy distanciado por idiotas circunstancias de la vida, pasando los días estudiando corrección de estilo en la biblioteca, escribiendo un diario y comiendo bocadillos de queso en el Jordan, largos paseos entre las nubes grises y los charcos de mayonesa. Pero el caso es que siempre me he visto reflejado en ese arlequín, o en el arquetipo del Arlequín, por ir más lejos: un sujeto forzado a la dualidad que es criado según qué canon y que, en esencia, alberga contradicciones drásticas, siempre en torno a la idea de la apariencia. También, por sinestesia tal vez, vinculo el arlequín al circo, y mucha parte de mi personalidad y de mis vivencias tienen algo de Satie frente a Méliès . Entonces, ¿por qué no ese arlequín anónimo y rarísimo sino Picasso?

Soy escritor, y las últimas correcciones de mi obra completa (“Travesía sensible”), donde doy abandono a la poesía después de ocho años de vocación infinita, las hice dos días antes de fumarme el cigarro previo al tatuaje con José Víctor “Rasteu”, tatuador entrañable, investigador de lo real y ya casi amigo después de tres tatuajes. Esta reunión de poemas y voces acaba con un texto titulado “Poliedro”, cierre de las doce partes, donde explico parte de mi (vaga) teoría estética, y una de las creencias más firmes esculpidas allí es la de que solamente me satisface, a mis 26 años y después de amor, dolor, conocimiento y alguna victoria, la dualidad del Ser y del No-Ser, idea que me lleva hasta el arlequín casi como neurona próxima a neurona próxima. En este sentido, “Poliedro” es también lo que dice: un prisma o mecanismo para ver. Picasso entra en juego entonces como el maestro más adecuado por su gran descubrimiento: el cubismo. El hecho de que sea un cuadro de la Época Rosa refiere a la idea de juventud, también reunida para mí en el tatuaje, ya que ¿volveré a escribir?: en cualquier caso la investigación fue hecha. Corona el desfilar de los sentidos mezclados la maceta de piedra con rosas rojas al final del cuadro, alusión directa a mi madre, muerta hace casi dos años y cuyos pétalos de entierro dejé secar en muchos lugares y cuadernos.

Así, ya son dos arlequines: el de mi brazo y el que, colgado, me hace pensar antes de dormir.

Texto escrito por Álvaro Guijarro.

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Protagonista

Álvaro Guijarro, Madrid.

26 años.

Tatuador

rasteu.

La Mano Zurda.

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